So...You want to be a Rock n' Roll Journalist? Por: Edgardo Soto Torres
Good writing can be rock n' roll. -Lester Bangs Durante los pasados ocho años he dedicado parte de mi tiempo a ser periodista de música (y en especial de rock) para medios como El Nuevo Día, Diálogo, Tiempos, La Banda Elástica, Boom Magazine, Southcoastpr.com y Pulsorock.com y en el 2005, Terranova Editores publicó mi libro biográfico sobre Fiel A La Vega, "Salimos de aquí". Aún así, todavía hay colegas que me miran con extrañeza cuando digo que quisiera ser periodista de rock a tiempo completo. Y es que ignoran que el periodismo de rock es un género periodístico en sí mismo (que en Puerto Rico no se reconozca ni se pueda vivir de eso, son otros veinte pesos). ¿Se imaginan artículos y entrevistas de 5,500 palabras o más, apoyados por siete semanas de seguimiento al grupo a través de ensayos, conciertos y entrevistas individuales a los músicos (y que encima le paguen -bien- a uno por eso)? Este ejemplo es tomado de la agenda de trabajo de una periodista de rock para la revista Rolling Stone, en el 1979, en un artículo rememorando la época. Ahora se quejan si sólo cuentan con dos horas para una entrevista cuando en Puerto Rico nos enfrentamos a las rondas de prensa donde el artista pasa un día atendiendo a los periodistas en sesiones de 15 minutos. Afortunadamente, en términos del rock boricua, aun contamos con las circunstancias necesarias para nuestra era dorada de periodismo de rock, pues aún tenemos acceso (casi) total a las bandas.
El periodismo y la crítica de rock cuentan con una larga tradición. La cobertura seria y especializada del género comenzó a mediados de los años '60. Durante la década anterior, el rock n' roll había experimentado un auge en popularidad gracias a figuras como Elvis Presley, Jerry Lee Lewis y Chuck Berry, entre otros. Revistas juveniles como Hit Parader, Beat y 16, publicaban fotos y entrevistas sin un acercamiento periodístico, y mucho menos, crítico (a nivel local, piensen en Vea y Teveguía). La prensa formal, por su parte, se resistía a tratar el género emergente con seriedad. Insatisfecho ante estos dos extremos, Paul Williams, un joven universitario seguidor del rock y el folk, decidió fundar Crawdaddy!, la primera publicación en declararse a sí misma como "a magazine of rock n' roll criticism". El primer número salió a la calle en febrero de 1966 y en sus cinco páginas Williams escribió reseñas en torno a los discos de su predilección. Un año más tarde, el Village Voice y otras publicaciones underground en Nueva York y San Francisco, daban espacio y libertad creativa a jóvenes escritores para desarrollar una "voz" propia como críticos y periodistas de rock. Entre estas publicaciones se destacaría Rolling Stone, cuyo primer número circuló el 9 de noviembre de 1967. Su publicador: Jann Wenner, un estudiante de periodismo en la Universidad de Berkeley que no completaría su grado. Wenner entendía que el acercamiento literario e intelectual que otras publicaciones daban al rock debía complementarse con un acercamiento periodístico formal. "No hay razón por la cual los asuntos de la cultura juvenil no deban ser reportados y escritos de forma profesional", planteaba en aquel entonces el joven de 21 años.
En el 1968, el New York Times reseñaba el nuevo disco de The Beatles, marcando el acercamiento del periodismo mainstream al rock. Para ese entonces, el rock asumía una postura sociopolítica como parte de la llamada "contracultura" que promulgaba la oposición a la guerra de Vietnam. Al asumir ese manto de "seriedad", la prensa formal entendió que el género es digno de cubrir. Otros jóvenes escritores, sin embargo, entendían que el espíritu irreverente del rock no podía sucumbir ante la "importancia" de las ideologías y los movimientos estudiantiles. Revistas como Creem, fundada en Detroit en el 1969, se convertirían en refugio de periodistas/escritores cuyo estilo se movía en el plano de lo satírico e irreverente. Las estrellas de rock se convertían en mitos y la función de estos periodistas era desmitificarlos. Entre los periodistas y críticos de Creem se destacaron Richard Meltzer y Lester Bangs. Gran parte de esta generación de periodistas recibió la influencia del movimiento literario Beat y sus más conocidos exponentes: Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William S. Burroughs. Estos críticos y reporteros canalizaban sus aspiraciones literarias a través de sus reseñas y reportajes con resultados mixtos. En ocasiones, producían textos larguísimos que de forma tangencial hablaban de música, centrándose más en divagaciones existenciales del escritor pero su dominio del lenguaje, bagaje cultural, entendimiento del arte y el desarrollo de un estilo personal basado en lo que se llamó el New Journalism, les daba la capacidad para desarrollar entrevistas y críticas de discos que iban más allá de lo superficial. Al añadirse la influencia del Nuevo Periodismo, entramos en lo que se describe como "la era dorada" del periodismo de rock, que tiene lugar durante la década del '70. Esta nueva vertiente consiste en que el periodista se inserte en el reportaje, escribiendo en primera persona y con un estilo idiosincrático, reportando su reacción durante el desarrollo de la entrevista o investigación y usando herramientas de la narrativa que hasta entonces eran parcela exclusiva de los novelistas. Escritores como Tom Wolfe, Norman Mailer y Hunter S. Thompson fueron pioneros de ese nuevo periodismo, que practicaban en sus escritos sobre política y columnas de comentario social. Desde entonces al presente, se desarrolló la tradición de crítica y periodismo de rock, y se han instaurado unas escuelas o estilos: algunos más académicos, como Robert Christgau y Michael Azerrad, y otros más irreverentes y populistas como Lester Bangs y Chuck Klosterman (con las rencillas y desavenencias entre bandos propias de críticos que pretenden tener la definición concluyente y absoluta del rock). Basta echar una ojeada a la sección de música de la librería Borders, o realizar una búsqueda en Amazon.com, para darse cuenta de la prolífica producción de libros biográficos, historicistas, y de análisis de cada subgénero del rock.
En Puerto Rico, la crítica y el periodismo de rock se ha visto supeditado a las alzas y bajas en el género, además de la falta de seriedad con que se visualizaba el mismo hasta años recientes. El primer columnista de música juvenil en Puerto Rico lo fue Alfred D. Herger. En agosto de 1958, siendo aún estudiante de escuela superior, Herger debuta en el diario El Mundo con su columna Tu Hit Parade. Allí escribía sobre los géneros tradicionales en boga para ese entonces, a la vez que "colaba" sutilmente notas sobre su género preferido: el rock & roll. En 1968, Alfred publica Triunfadores, una revista psicodélicacirculando por tan sólo un año. No obstante, tanto sus columnas como la revista, las dedica al rock en su vertiente teen pop, sin entrar en el rock ácido ni sus propuestas de revolución social. Tampoco había intención literaria ni historicista en torno al género.
El reducido espacio para textos -con un énfasis en fotos y anuncios que casi les convierte en shoppers- conspira contra el desarrollo de un periodismo profundo, y la publicación irregular y sin fechar de algunas, no ayuda a la hora de crear una cronología precisa del rock en Puerto Rico, pero al menos las bandas tienen foros donde darse a conocer, además de proveer un espacio para el desarrollo de redactores conocedores del rock. Y ya en el siglo 21, la Internet resulta el medio ideal para el espíritu libertario e irreverente del buen periodismo de rock por dos razones: espacio ilimitado y ausencia de censura. La historia la hacen los músicos, pero se vuelve difusa entre la niebla del tiempo sin periodistas con el alma "enfiebrada" por el deseo de registrarla por escrito. Todos los que tengan el deseo son bienvenidos, siempre que reúnan los requisitos básicos: conocimiento de la historia del género, entendimiento de los códigos musicales y sociales del mismo y pasión. En las palabras de Melba Miranda, "para escribir de rock hay que amarlo, hay que sentirlo. ¿Cómo puede un periodista hacernos sentir, hacernos ver y escuchar lo que no tenemos al frente? Sólo si siente lo que escribe, y sólo así, me conmueve". (Edgardo Soto Torres es autor del libro Salimos de Aquí: la biografía de Fiel A La Vega (Terranova Editores).) |